Puedes escucharlo también en Ivoox o en Spotify.
Hola de nuevo, pequeña naranja descarriada.
El domingo por la tarde, después de fregar los platos, cogí el móvil para mirar los resultados de fútbol, cuando me encontré el titular:
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«Kobe Bryant muere en un accidente de helicóptero».
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No me lo podía creer cuando lo vi. En serio, es una de esas veces que piensas que es una especie de fake new. Pero no lo es.
La cruda realidad de la vida, en esencia.
Siempre ocurre esto con las grandes leyendas. Todos los días muere gente.
Y gente joven, muy joven.
Pero a menudo sus vivencias o historias no tienen nada que nos haga replantearnos la vida. Que nos haga vibrar, soñar, levantarnos del sofá.
Kobe sí que lo tenía, por supuesto.
Y hace un par de días me topé con una anécdota suya que he querido traerte aquí para que entiendas la lección de humildad que tienen los más grandes.
(Te la cuento mejor en el episodio nuevo del podcast que tienes arriba. Pero, de todas formas, lo resumiré aquí abajo).
Verás.
En 2012 Kobe fue convocado con la selección de USA para jugar los Juegos Olímpicos.
Él quería entrenar unas horas extra a las de su equipo para ponerse en forma. Y por ello contactó con un entrenador adicional.
Un día lo contactó a las 4:30 de la mañana.
Quería que se reuniera con él en el gimnasio para entrenar.
Y así fue.
El hombre llegó 20 minutos más tarde, y encontró que Kobe ya estaba entrenando, empapado en sudor.
Así que se pusieron en marcha y siguieron hasta las 7 de la mañana. El entrenador le dijo que se marchara a descansar, ya que a las 11 comenzaba el entrenamiento con el equipo.
Un poco antes de esa hora, el entrenador vuelve y lo encuentra de nuevo en el gimnasio, practicando tiros a canasta.
Le preguntó a qué hora terminó de practicar y le dijo que el entrenamiento de la mañana estuvo genial.
Él le respondió que no había terminado.
Después de finalizar su entreno a las 7, se propuso anotar 800 canastas antes de comenzar con su equipo. Y aún estaba en ello.
Así que, cuando comenzó el entreno oficial, él ya llevaba más de 7 horas por su cuenta.

Y de repente, me sentí un poco gilipollas por quejarme cuando trabajo algunas horas de más. O cuando no sé si podré organizar varios encargos de clientes al mismo tiempo.
El puto miedo al éxito, en verdad.
Eniwey, la gran enseñanza de esta historia es que la mentalidad lo es todo.
Es la que te hará sentir orgulloso de lo que consigas en el futuro. La que te convierte en una persona diferente.
Mientras más creces y más grande eres, mucho más fuerte debe ser este compromiso con tu propósito. Para destacar en algo necesitas tener cierta obsesión con lo que haces.
Y este no es solo un secreto de Kobe Bryant, sino el de todos los deportistas que llegan a la cúspide.
Por eso, mi consejo de hoy es que te propongas ir un poco más allá con tus objetivos, tus hábitos, tu propósito y, sobre todo, con tus ventas.
Porque vender es una carrera de fondo. Nunca termina.
Pero mientras más entrenas, mejor lo haces.
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Por eso yo escribo tanto. A veces mejor, a veces peor. En ocasiones me apetece y estaría horas escribiendo y, en otras, tengo que tirar de fuerza de voluntad.
Pero eso es lo que hay si quieres conseguir algo en tu vida.
Te mentiría si te digo que no me gustaría que se acuerden de mí en el futuro.
¿Y sabes qué?
Tus clientes también quieren que alguien se acuerde de ellos. Tener ese entrenador que los apoya, los alienta y los guía.
Para ser esa clase de negocio necesitas aprender a vender con tus palabras.
No hay de otra. O te subes o te quedas en tierra.
Iván Orange.