Por qué quizá deberías vender lento.

Estaba pensando en el tiempo que pasa desde que una persona se registra en mi newsletter hasta que se convierte en cliente.

Pero no en plan midiendo métricas.

Que me perdonen los del circo gurú pero… a mí es que no me interesa eso.

Lo estaba pensando en plan:

¿Será bueno que tarden lo que están tardando ahora de media? ¿O quizá están tardando poco en comparación con lo que deberían estar tardando?

Es una curiosidad que aparece cuando de repente te compran casi a diario.

Y llegué a la conclusión de que no tenía ni idea.

No sé si me compran pronto o tarde porque, entre otras cosas, depende del momento, de lo que esté promocionando en esos emails y de multitud de factores que no puedo controlar.

Lo que sí apareció en mi mente fue esta pregunta:

 

 

¿Cuán de importante es la decisión de comprar tu producto o contratar tu servicio para el cliente?

Porque todos tardamos bastante en tomar las decisiones más importantes de nuestra vida:

Qué carrera estudiar.
Dónde vivir.
Con qué pareja comprometerse.
Tener hijos o no… Y cuándo.
¿Dejo el trabajo y me lanzo a emprender?

Y ya están las decisiones de OTRO nivel, como:

¿De qué color pongo el color de la web?
¿Y los botones?
¿Y el tamaño del formulario?
¿No estaré siendo caro?

Joder…

Si hasta nos cuesta elegir el color de una camisa o cómo se verá un reloj en nuestra muñeca.

Entonces…

 

 

¿Lo que vendes está hecho con la intención de que sea algo importante en la vida del comprador?

¿El cliente tiene que meditar con calma la decisión de invertir en ti?

¿O sin embargo quieres que te compre rápido, aunque a la semana se haya olvidado por completo de lo que compró?

No es un tema baladí.

Si encuentras que no vendes lo que te gustaría, quizá, y solo quizá…

El problema puede que surja porque NO tienes claro qué lugar quieres ocupar en la vida de tu público.

Y aún sabiéndolo…

Nunca podemos predecir cuándo le llevará a una persona reaccionar a nuestro mensaje de venta, atar los cabos sueltos en su cabeza y darle al botón de compra.

Por eso, lo prudente es intentarlo todos los días.

Constante como las olas del mar. Sin excepción.

Bombardear su psique «en silencio», como los átomos radiactivos penetran el cuerpo al hacer una radiografía.

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