Hace un par de días estaba sentado tranquilamente delante del pc.
Abrí Youtube sin mucha esperanza de quedarme allí más que unos pocos segundos.
Pero un vídeo de la Escuela de Negocios de Stanford llamó poderosamente mi atención. Era una ponencia donde explicaban el poder del lenguaje corporal a la hora de comunicar, y cómo utilizar los gestos y posturas de forma inteligente para transmitir autoridad, firmeza, coherencia y seguridad ante una audiencia.
Y encontré algunas cosas realmente interesantes.
Por ejemplo:
Se ha comprobado que si pides algo al público con las palmas de las manos hacia arriba, un 84% de la gente lo hace.
En cambio, si lo pides con las palmas hacia abajo, solo lo hace un 52%.
Y aún peor es si lo pides señalando con el dedo índice. Ahí un mísero 28% de la gente te hará caso.
También me resultó fascinante ver cómo un gesto tan simple como poner las dos manos hacia el frente (como si estuvieras sujetando una bandeja del Burger King) cuando das una opinión, hace que esa afirmación sea firme, fuerte y creíble.
Solo con un leve movimiento de las manos.
El lenguaje corporal siempre me ha parecido algo increíble.
Y guarda muchas similitudes con el copywriting, pero también muchas diferencias.
Una de esas diferencias es que, obviamente, el receptor de tu mensaje no te puede ver ni oír (siempre que no sea un vídeo de venta).
Una similitud es que el mensaje no es tanto lo que dices sino lo que proyectas. Es decir, lo que ves entre líneas.
Por ejemplo, la frase «Este curso sirve para todo el mundo» tiene un segundo mensaje entre líneas que, lejos de ser un beneficio, empobrece y debilita el texto.
Pero otra gran diferencia es que en el lenguaje corporal puedes comunicar con todo tu cuerpo.
En el copy, absolutamente todo surge de tus manos. Hay probablemente cientos de matices que pueden encender o apagar los sesgos psicológicos en la mente de tus potenciales clientes para que hagan lo que tú quieres o se larguen.
Pero no me da tiempo de ponerlos aquí.
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