Yo también quiero mi ley «trans»

Está habiendo mucho revuelo con el tema este de la nueva ley trans, ¿no?

Sinceramente, a mí eso ya me parece una payasada. 

Y si ya tienes ganas de saltarme al cuello y cortármelo con la uña de tu dedo medio… Espera, aguanta un poco. Respira.

A mí me parece genial que cada uno sea y se sienta como le dé la gana.

PERO,

¿por qué esa necesidad de etiquetar y clasificar todo? 

Es irónico ver como las personas que más libertad y menos discriminación piden, están generando justamente eso, discriminación, al segmentarse ellas mismas en tantos grupos diferentes. A cada cual más concreto, más estricto.

Y sí, a veces, más ridículo.

Tío, tía, esto es muy simple:

Una cosa es el sexo con el que se nace y otra cosa es la identidad sexual.

Lo primero no se puede cambiar aunque te cortes la pinga, te pongas tetas en una clínica o te hormones hasta las cejas. 

Eso lo llevas en los genes desde que naces hasta que mueres.

Es una locura dar esa libertad a menores que claramente no han llegado a esa madurez para tomar decisiones trascendentales (que sí, que habrá excepciones y todo lo que tú quieras). Pero seamos sinceros, si los mismos adultos cometemos cagadas importantes, ¿qué hace pensar que un adolescente no?

Qué mínimo que una prueba psicológica.

Así que en vista de los acontecimientos, yo he decidido crear mi propio grupo.

Concretamente, exijo desde ahora mi derecho para

Decidir libremente mi grado de discapacidad.

Por ejemplo,

En la puerta de mi casa hay un aparcamiento que casi siempre está vacío y que es solo para discapacitados. 

Oye, ¿y si me quiero sentir discapacitado?

Pero Iván… tú tienes las piernas perfectas, en ese caso…

Cállate. 

El doctor Wells (de la serie Flash) finge estar en silla de ruedas y nadie le dice nada.

Nadie me lo debería prohibir. Si por dentro me siento discapacitado quiero que me lo reconozcan para así utilizar el aparcamiento de casa sin tener que dar vueltas a la manzana.

¿Sabes cuánta gasolina gasto tratando de aparcar a veces? Terrible.

Y de la misma manera, exijo mi derecho para sentirme ciego, sordo, diabético o síndrome de Down cuando me convenga.

¡Libertad de identidad!

Iván O.

PD: Espero que hayas captado la ironía y el sarcasmo.

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