Me-ssí se va y la mentira de la élite del marketing español

Hace unos días saltó una de las bombas informativas del año. O de la década.

Messi se marcha por la puerta de atrás del lugar del que nadie pensaba que se iría nunca. Al menos, de la forma en que lo ha hecho.

Con mal rollo, por un burofax, en desacuerdo con su club y habiendo perdido sistemáticamente todo lo que habían construido y que lo había puesto en la cima del mundo deportivo… hasta el punto de haber sido humillado por otro equipo hace unos días.

Bueno.

Esto, si no te gusta el fútbol, puede que te interese entre poco y nada.

Pero si lo traigo aquí no es por hablar de actualidad.

Hablar de actualidad está bien. Eso demuestra que escribo mis correos cada día.
El único mail que automatizo es el de bienvenida.

Pero no es por eso.

Lo traigo porque este suceso tiene mucho que ver con algo que a mí, como redactor publicitario, me preocupa bastante en el mercado donde me muevo.

Lo que me preocupa son las falsas expectativas que algunos de los llamados referentes del marketing nacional están proyectando (erróneamente) sobre
las personas del sector.

Mira, en menos de 24 horas se ha dicho de todo sobre Messi.

Que ha decidido bien,
que se está equivocando,
que el club debería ponérselo difícil,
que nadie es más importante que el club y bueno… pues que se vaya, ya vendrá otro.

Se dicen muchas estupideces cuando estás dolido y te dejas llevar por el orgullo.

El punto es que todo el mundo puede tener su razón y su opinión.

Lo que no puede tener todo el mundo sus propios hechos.

Y aquí los hechos son los que son.

Un tío que ha sido imprescindible para conseguir un montón de títulos y ha hecho que su equipo fuese temido en todo el mundo.
Un tío que ha sido el máximo goleador de la historia de su club.
Y de la competición.
El que más balones de oro ha ganado.
El que más ha hecho disfrutar a la gente…
Etc.

Entonces, a efectos prácticos, ¿quién tiene más relevancia?

Yo solo diré que los jugadores son al final los que hacen el trabajo de campo. Son los que generan los resultados. Los que aciertan y fallan.

Pero volviendo al tema de los referentes del marketing…

En el tiempo que llevo dedicándome a esto, he recibido propuestas de trabajo de unas cuantas personas que supuestamente están en la élite.

En diferentes sectores además.

Por razones obvias no voy a dar nombres ahora.

Eso lo haré cuando sea un redactor viejo y medio senil, al que le dé igual todo.
Para que luego otros utilicen esas historias a su favor.

Lo divertido es que no he llegado a cerrar un acuerdo con ninguno de ellos.

¿La razón? Muy simple, aunque entiendo que no fácil.

Todas estas personas me contactaron, bien directamente o bien por recomendación, con una actitud propia de alguien que sabe lo que quiere.

Tratan de impresionarte hablando de las maravillas que han conseguido,
los millones que han facturado,
los clientes con los que trabajan,
el equipo de 546 personas felices y motivadas que tienen… y así.

Te hacen perder tu tiempo en reuniones y en prepararles presupuestos, porque se muestran muy interesados en contratarte.

Pero luego… ¿qué pasa? Ven tus precios y su castillo de naipes se desmorona.

O empiezan a regatearte como si estuvieras comprando en un top manta, intentan llegar a un acuerdo «justo», empiezan a llorar diciendo que ellos han hecho «sondeos» y que otra competencia cobra mucho menos (un argumento totalmente impropio de un empresario inteligente) o directamente pasan de contestar.

Ni para decirte que no.

Y en el caso de que llegues a un acuerdo con alguno, lo que he podido vivir en mi caso ha sido una total mentira de puertas para dentro.

Equipos desestructurados, donde los que mandan son los que le lamen
el culo al jefe (y por debajo, porque lo tienen en un pedestal).
Donde intentan explotar al máximo cada segundo de tu tiempo,
pidiéndote cosas que no tienen sentido, dejándote sin toma de decisiones.

Ojo, que cada uno sea libre de hacer lo que le dé la gana.

Pero me da qué pensar, y sospecho que todas estas grandes empresas, en realidad no tienen tanta liquidez como dicen, o rentabilidad, o beneficios.

Si presumes de facturar 7 u 8 cifras al año pero no quieres/puedes invertir unos pocos miles de euros en optimizar y mejorar tus ventas…

¿Quién es más imprescindible aquí?

En mi caso, con muchas razones tengo que barrer para mi casa.

El redactor es el que escribe de tal forma que el que lo lea esté ansioso por comprarlo.

Eso es un trabajo enorme porque si eres bueno haciéndolo, puedes vender buenos productos pero también mierdas pinchadas en un palo.

Y algunos de estos influyentes, a menudo venden esto último.

Los copywriters y el equipo de marketing en general son los que hacen el trabajo de campo. Son los que generan los resultados. Los que aciertan y fallan.

Por lo tanto, ni me dejo deslumbrar por esas luces del circo gurú, ni le rebajo un puto euro a nadie, por muy famoso que sea.

Algunos venden por hacer las cosas bien, y otros por ser mediáticos.

En fin, no estoy seguro de si este email te habrá aportado algo, pero sé que en mi lista hay muchos copywriters que, a lo mejor, un día reciben una invitación especial para trabajar 4 u 8 horas al día para ellos, por una miseria al mes.

Pero eso sí, ten por seguro que te pedirán objetivos económicos. Y no pocos.

Y si no sale bien, aunque no te dejen hacer tu trabajo, no tendrán ningún reparo en decirte hasta luego.

Así que…

No desprestigies tu trabajo.

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Iván Orange
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