Desde que publico activamente en Twitter me (febrero) me he dado cuenta de una cosa:
la gente es mucho menos propensa a reaccionar a un mensaje de venta o a una idea ingeniosa, en comparación con el email.
Me explico.
De vez en cuando me gusta coger algunos de los emails que mando a mi lista y convertirlos en tuits o hilos.
Eso es lo que pasó por ejemplo con un email que mandé hace unos días, en el que contaba la conocida fábula sobre la mujer que se ahoga en el río porque le pide ayuda a Dios, pero ignora la ayuda que le está enviando a través de las personas que quieren rescatarla.
Eso mismo lo puse en Twitter y se compartió más de mil veces.
Pero los retuits no son importantes en sí.
Lo que me llamó la atención fue muchas de las respuestas de la gente.
Mientras que la conclusión y la reflexión que dejaba en ese texto era una, hubo gente que daba unas conclusiones realmente extrañas, llegando a hablar de depresión, de TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) o incluso lo confundían con coaching motivacional.
Como si no tuviera cosas mejores que hacer que salvar la vida de nadie.
De verdad, una panda de chalados curiosa.
Eso me hizo pensar en la diferencia que hay entre la gente que consume un mensaje en redes sociales y la que lo hace en la bandeja de entrada.
A priori, parece que no hay mucha diferencia, pero sí.
¿Conoces la famosa frase «El medio es el mensaje» que dijo Marshall McLuhan?
Las RRSS son solo una parte de ese medio, y la gente reacciona a los contenidos con una serie de prejuicios y criterios preestablecidos.
¿Por quién?
Por la propia masa de la red social.
Muchos de los que daban esas estúpidas conclusiones en mi hilo no lo hacían porque realmente pensaran así, sino porque cuando vieron que otros habían opinado eso, resulta mucho más sencillo unirte a la corriente que desmiente algo antes que tratar de formarse una opinión propia.
Pero, como he dicho, eso no es lo que más influye en el mensaje.
Lo que de verdad se convierte en el medio es el propio emisor. Un mismo mensaje, literalmente el mismo, se percibe muy diferente según quien lo escriba.
En otras palabras:
Lo que moldea un mensaje, un argumento de venta o una idea es la autoridad de quien lo lanza.
No reaccionas igual cuando te para un policía, que uno de protección civil o un militar, aunque todos te digan lo mismo.
Así que ya sabes, si quieres que tu copy tenga más impacto en los posibles compradores, aumenta tu nivel de autoridad sobre ellos.
Y no hay mejor forma de hacerlo que enviando emails persuasivos a tu lista.
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